Inés Florencia Molinari

Nació el 5 de enero de 1976, empujada por un calor agobiante y Les Luthiers, será por eso que nunca le faltó ni música ni sentido del humor. Al cinco lo vio azul desde ese día, y a su nombre amarillo, pura coincidencia que su padre la haya hecho de Boca.
Tuvo una infancia enteramente feliz, cuya gran parte tuvo lugar en la quinta ‘La Gauchita’ en Pilar. Allí se presentó Papá Noel varias veces, después de cantar ‘La murga de Pilar’. Fue alguno de esos 24 de diciembre, mirando las nubes del atardecer en la Panamericana, cuando nació su pasión por esa hora del día en que empieza a oscurecer. Sus juguetes preferidos siempre fueron los playmobils, que aún hoy atesora con sus cómplices hermanas. Hija de padres arquitectos, construyó miles de casas de maderitas para estas mini-personas. Será por esta influencia que siempre supo que quería ser diseñadora.
Considerada niña prodigio en jardín de infantes, su evolución fue inversamente proporcional a su crecimiento: para la época de facultad ya se sentía una alegre mediocre, un poco buena en todo, y muy buena en nada. Tal vez esto se deba a que no tuvo voluntad ni de leer ‘La conquista de la voluntad’. Sin embargo su optimismo hizo que valorara ‘otros aspectos de la vida’ y disfrutara el lado bueno de las cosas. Siempre rodeada de gente, nunca disfrutó de la soledad, coleccionando amigos-trofeo únicos e irrepetibles a los que adora aún hoy en día.
En 1990, después de convertirse en robocop en el quirófano, y despertarse de la anestesia festejando los penales atajados por Goyco, lo que más recuerda de sus días de hospital es el lomo con champignones y los mimos de su familia.
En 1993 termina el secundario y se va de viaje de egresados a Bariloche.
En 2001 sube al 140 y proclama ‘ah no, no, no, no puedo creer el bombón que acaba de subir’.
En 2003 sube al avión rumbo a España, por unos meses, junto al bombón que conoció en 2001.
En 2008, después de 58 meses de aquel vuelo, subirá a otro avión, esta vez rumbo a Argentina, para decirle al bombón, delante de todos, que quiere compartir con él el resto de su vida.